Filosofía
de los besos
¿Cuál ha sido tu beso en la boca más memorable?
A partir de esta pregunta abrimos un dispositivo para pensar los besos desde la experiencia, la memoria y la contradicción.
Los clasificamos según tres dimensiones: por su forma, picos, con lengua, mordisqueados, chupeteados, babosos o secos; por su intensidad, distantes, tímidos, románticos, apasionados o platónicos; y por su contexto, deseados, robados, confusos, prohibidos o no consensuados. Sabemos que el lenguaje es insuficiente para contener lo que ocurre en un beso, pero usamos estas categorías como un pretexto para construir una filosofía situada entre cuerpos y datos.
Un beso interrumpe: corta la palabra, altera el ritmo, desplaza la boca. No siempre nace del deseo; a veces aparece desde el deber, el juego, el miedo o incluso la imposición. Por eso no preguntamos por el “mejor” beso, sino por el más memorable, aquel que dejó marcas, visibles o invisibles.
Hemos descubierto que los besos están llenos de matices y contradicciones. Pueden ser platónicos y confusos, apasionados y no consensuados, románticos y esquineados, deseados y distantes al mismo tiempo. Dos personas pueden recordar un mismo beso de maneras opuestas, revelando que la memoria afectiva nunca es neutral.
Los besos habitan entre lo íntimo y lo político: movilizan mucho más de lo que logramos decir. Nombrar un beso memorable puede convertirse en un gesto de redención con el pasado, tanto con recuerdos deseables como con aquellos que dejaron marcas dolorosas. Lo memorable no siempre es lo mejor, sino aquello que deja huella.
Gracias a quienes se acercaron a filosofar con nosotrxs entre risas, afecto, preguntas provocadoras y respuestas difíciles. Así va tomando forma esta visualización de datos hecha con memorias y contradicciones.
Esta investigación sigue en proceso.

